Groenlandia se enfrenta a una de las mayores fiebres por los recursos de la historia

El territorio se asienta sobre una asombrosa cantidad de minerales críticos.

ECONOMIA

1/8/20262 min read

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El detonante inmediato fue el anuncio del nombramiento de Jeff Landry, gobernador republicano de Luisiana, como enviado especial presidencial para Groenlandia. La figura no requiere aprobación del país anfitrión y funciona como un canal informal de presión política. Consultado por la BBC sobre el alcance del cargo, Trump respondió sin rodeos: Estados Unidos necesita Groenlandia para su “protección nacional” y “tiene que tenerla”.

Pero reducir la obsesión de Trump a un cálculo militar sería incompleto. Su interés por Groenlandia encaja en una concepción más amplia del poder estadounidense, expresada en su reciente Estrategia de Seguridad Nacional, que habla abiertamente de reforzar el control de Estados Unidos sobre el hemisferio occidental.

En ese marco, Groenlandia no es sólo una base militar. Es territorio. Y para Trump, el territorio importa. Importó cuando impulsó la idea de anexar Groenlandia en su primer mandato.

El presidente también descarta, al menos públicamente, que su interés sea económico. “No lo necesitamos por los minerales”, dijo. Pero lo cierto es que Groenlandia posee reservas de tierras raras, uranio, hierro, petróleo y gas natural. Aun así, el deshielo acelerado por el cambio climático está abriendo oportunidades mineras y nuevas rutas marítimas, lo que refuerza su valor estratégico.

Groenlandia tiene unos 57.000 habitantes, en su mayoría inuit, y es el territorio menos densamente poblado del mundo. Desde 1979 cuenta con autogobierno amplio y desde 2009 tiene derecho legal a declarar su independencia de Dinamarca mediante un referéndum. Defensa y política exterior siguen en manos danesas, pero la identidad política groenlandesa se fortaleció en los últimos años.

Las encuestas muestran una paradoja clara. Una amplia mayoría de la población apoya la independencia de Dinamarca a largo plazo. Pero un rechazo abrumador, de alrededor del 85%, se opone a convertirse en parte de Estados Unidos. Solo una minoría marginal vería con buenos ojos esa opción.


El actual primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, fue contundente tras el anuncio del enviado estadounidense: Groenlandia decide su propio futuro y su integridad territorial debe ser respetada. El mensaje se repite en la sociedad local, donde la presión externa es vista como una amenaza más que como una oportunidad.